Una Semana Santa plena de fe y devoción

Nos encontramos celebrando la Pascua de Resurrección. La vida ha vencido a la muerte. La cruz ha prevalecido sobre el pecado.

También son los días en los que nos asaltan los recuerdos de una Semana Santa muy cercana y que, como sabemos, ha sido diferente por segundo año consecutivo.

Hemos cambiado los tronos por el altar de cultos, las túnicas por los trajes o el tinglao por la parroquia. Pero hay algo que no cambiado y que no cambiará: la presencia de nuestros sagrados titulares. Ellos son el eje y fundamento de nuestra Hermandad y no hay pandemia que haga cambiar esta realidad.

Del Viernes de Dolores al Martes Santo celebramos un piadoso quinario de rogativas por el fin de la pandemia que vivimos, por la sanación de los afectados y por el eterno descanso de los fallecidos.

Para tal ocasión, y dado el carácter extraordinario de la celebración, levantamos un aparato efímero de culto en el que se presentaban las imágenes del Redentor del Mundo y de la Santísima Virgen Mediadora centradas por el símbolo de nuestra salvación: la Cruz. Esa cruz que nuestro Señor abraza cada Miércoles Santo en su trono y que recoge todos los pecados de la humanidad.

Estrenábamos la estructura definitiva del altar de cultos tras muchos años de trabajo y anhelo. Del mismo modo, era novedad el cortinaje de grandes dimensiones que cubría el altar mayor y que dota de extraordinaria elegancia el aparato cultual.

El Señor lució su nueva túnica morada de tisú de oro, donada por sus hombres de trono, potencias de salida y cruz de capilla. La Virgen se presentó con su saya guinda y corona de procesión. El exorno floral, combinación de flores moradas y rojas, completaba una cascada de cera que arropaba a las imágenes y enaltecía a la Santa Cruz.

Foto: Pedro Crislaur
Foto: Pedro Crislaur

Foto: Pedro Crislaur

Durante los días de quinario, muchos hermanos participaron en el mismo y recogieron su papeleta de sitio simbólica, la cual este año ha tenido carácter de Carta de Hermandad y que ha sorprendido a todos por su diseño elegante y su formato extraordinario. Igualmente, muchos fueron los malagueños que se acercaron a nuestra parroquia de la Encarnación durante esos días a contemplar el imponente altar de cultos y a venerar a nuestros sagrados titulares.

Tras dicho culto de rogativas, llegó el día grande de la Hermandad. El Miércoles Santo fue un hervidero de gente que, controladamente, acudió a visitar al Redentor y a la Mediadora y a acompañar a todos los hermanos que, lógicamente, pasamos una jornada agridulce por la nostalgia de una procesión frustrada pero con la alegría de seguir sanos y juntos en la presencia del Señor y su Madre.

Nos visitaron la Agrupación de Cofradías, corporaciones hermanas, el Alcalde de nuestra ciudad y una nutrida representación de cofrades de a pie, devotos y feligreses. De entre las ofrendas florales recibidas, especial mención merecen las realizadas por nuestros hombres de trono y por la juventud de la Hermandad.



La Virgen Mediadora apareció para este día coronada con la presea estrenada el día de la Inmaculada y ofrendada por un grupo de devotos. También, lucía un nuevo broche con la efigie de San José, obsequiado por la familia Sánchez Guerra.

La solemne misa conmemorativa de la Estación de Penitencia fue oficiada por nuestro amigo el Rvdo. Padre Juan Carlos Millán y nuestro hermano diácono José Antonio Aguilar. El verdadero sentido de la Estación de Penitencia, más allá de la mera puesta en escena en la calle, fue el eje central de una homilía que tiene que ser mensaje de cabecera para todos los cofrades de la Mediadora.

Terminado tan intenso día, las imágenes regresaron a sus capillas y el altar cobijó el Monumento Eucarístico para los Solemnes Oficios, participando nuestra hermandad activamente en los mismos.

No podemos caer en el autoengaño de decir que esta Semana Santa ha sido más profunda, más sentida, más interior o más verdadera. La religiosidad popular es un medio para llegar a Dios que desde hace muchos siglos se vive por parte de los cristianos y que la Iglesia respalda vehementemente por los verdaderos frutos espirituales que proporciona. El nazareno con su cirio, el hombre de trono en su varal, el músico con su instrumento o el público admirado en la aceras, viven la Semana Santa con el sentido verdadero que la penitencia proporciona por medio del sacrificio tanto físico como espiritual.

Dos años llevamos sin procesiones y dos años que hemos vivido estos días de una manera diferente. Hemos de conformarnos con las circunstancias actuales y seguir adaptándonos a lo que el futuro nos depare, pues si nos cuidamos y somos responsables, podremos volver a demostrar que el culto público está en la esencia de las hermandades y que es un medio extraordinario de vivir y transmitir el evangelio.

No perdamos el ánimo, no apaguemos nuestra fe y acudamos a nuestra parroquia, vivamos nuestra Hermandad y trabajemos para disfrutar el presente y asegurar el futuro.

Jesús Nazareno Redentor del Mundo, ten misericordia de nosotros. 

Santa María Mediadora de la Salvación, ruega por nosotros. 

Alabado sea por siempre el santísimo sacramento del altar, sea por siempre bendito y alabado.


Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno Redentor del Mundo y Nuestra Señora Mediadora de la Salvación
Parroquia de Santa María de la Encarnación de Málaga

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