Feliz 2021

Queridos hermanos, un año se nos marcha ya pero, sin duda alguna, no un año cualquiera. Quizás hayamos repetido esta frase algún otro 31 de diciembre. Seguramente la hayamos utilizado la primera vez que nuestra Mediadora salió bajo palio o cuando llegó a nuestras vidas el Redentor del Mundo o en nuestra primera estación de penitencia a la catedral.

Pero este 2020 no ha sido un año más por algo más importante: la pérdida de vidas humanas. De todos es sabido lo ocurrido en estos meses y de lo duro que ha resultado cambiar nuestros hábitos y costumbres. De lo duro de perder negocios, empleos y parte de nuestro estado del bienestar. Pero es la pérdida de la vida de las personas lo que más fuertemente nos castiga como seres frágiles que somos.

La salud, eje principal de nuestra vida terrena, se ha visto amenazada por algo invisible que ataca a nuestra rutina cotidiana, a nuestra tranquilidad y a nuestra forma de relacionarnos. 

Pero nosotros los cristianos tenemos otro eje fundamental que hace que nuestra existencia tenga un sentido diferente: es la Fe. Esa Fe, que nos hace tener la esperanza y la seguridad de que la vida tiene un sentido más allá de lo material, no puede ser amenazada por ningún virus. Solo la amenazamos nosotros mismos si la dejamos a un lado en nuestras vidas.

Ahora, más que nunca, hemos de fortalecer nuestra Fe. Y nosotros tenemos las herramientas para aumentarla y para que sea cada día más verdadera y fecunda.

Tenemos la Eucaristía que nos alimenta con el Señor en verdadera presencia y que nos revitaliza día a día. Tenemos la oración que nos acerca a Dios y nos une a Él de forma privada e íntima. Tenemos la Iglesia que nos da el cobijo necesario para encontrar en la casa de Dios el lugar propicio para encontrarnos con Él a través de los sacramentos.

Y nosotros, cofrades, tenemos un vehículo más para acrecentar nuestra Fe: nuestra Hermandad.

Desde la Hermandad de la Mediadora siempre hemos tenido claro lo que es y para qué sirve una hermandad. Es posible que haya personas que piensen que una cofradía es el medio para llegar a un fin llamado procesión. Se equivocan.

Las hermandades son una de las formas que tiene la Iglesia para dar respuesta a la necesidad de las personas de vivir la Fe en comunidad. Y en esta forma concreta de reunirnos vivimos nuestra vida cristiana a través de tres pilares: culto, caridad y formación.

No podemos ser hipócritas y decir ahora que las procesiones no son importantes o que nos da igual que no se celebren. El culto público es una seña de identidad importantísima en las hermandades de Andalucía y de España en general y, sin duda alguna, es la parte más llamativa y atractiva de nuestras corporaciones.

Pero no son el fin último por el que existimos corporativamente. Y si la situación sanitaria no aconseja la celebración de las mismas, hemos de pensar en que el patrimonio más importante que tenemos es nuestra vida. Tengamos paciencia y aprovechemos esta dificultad para valorar los otros aspectos que jamás debemos olvidar: 

Intensifiquemos nuestra presencia en los cultos internos, los cuales recorren el año completo para acercarnos periódicamente a nuestros titulares.

Fortalezcamos nuestra formación cristiana gracias a los medios que ponemos a disposición de todos, para que nunca dejemos de crecer en el conocimiento de Dios y de su Iglesia.

Seamos constantes y comprometidos en la caridad con los que más lo necesitan, pues la fortuna material no siempre llega a todos y tenemos muy cerca a personas que lo pasan mal.

Tengamos ilusión en ver al Redentor del Mundo y a nuestra Madre Mediadora de la Salvación de nuevo por las calles de Málaga. Y que esa ilusión nos haga vivir nuestra Hermandad de forma auténtica y verdadera.

Feliz 2021.